De
pequeña tuve la oportunidad de crecer y de disfrutar de ciertas costumbres y
tradiciones que reafirman mi identidad como mexicana, soy poblana y como tal
amo la comida poblana, cuando era pequeña en familia se disfrutaba de ella siendo
espectador de alguna película de la época de oro del cine mexicano, los
personajes más trascendentales, en lo personal son, Pedro Infante, Arturo de
Córdova, Dolores del Río, María Félix, Sara García, entre muchísimos más.
No sé si recuerden a esos
personajes o si los conozcan, pero algo que tienen todos en común es el poder
de su palabra que en cada personaje destacaban como la característica más
importante y sobresaliente de los mexicanos.
La época de oro del cine
mexicano se llevo a cabo aproximadamente de los 30´s a los 60´s del siglo
pasado, fue una era majestuosa por el sentimiento nacional, solidario y
optimista vivenciado por cada mexicano.
Quiero pensar que en su
momento las personas cumplían lo que se proponían y como en las películas, la
palabra era el máximo poder, no era necesario firmar ningún contrato pues se
respetaba a las personas por su honradez y honestidad, y la identidad mexicana
estaba determinada por valores y principios.
Pero la variedad de influjos
a lo largo de la historia modificó las condiciones económicas, políticas,
sociales, educativa, psicológicas y con ello la identidad individual y nacional.
Hoy en día todo es mucho más
turbulento y difícil de creer, y consecuentemente observable, medible, y
cuantificable, las personas ya no están seguras, temen poco menos a los muertos
y los vivos ahora somos nuestros peores enemigos, vivimos enjaulados en pequeñas
casas, que para muchos no llegan a ser propias y nuestros derechos son en
ocasiones nulificados.
Los abuelos continuamente
dicen: “En mis tiempos eso no pasaba, la gente no se dejaba y se hacía
respetar”; y en mis tiempos poco a poco se comienza a respirar la organización
armada de la población porque está fastidiada y consiguientemente se están
haciendo respetar.
No hay mejor ejemplo que el
de las autodefensas que en Michoacán se llevan a cabo como resultado del
hostigamiento, represión y la violación que el gobierno y el ejército no han
podido erradicar; este tipo de organizaciones sin temor a la muerte, sin
distinción de género o edad; tomaron las
armas y buscan realizar su mayor deseo que inició mediante el “ya no más”.
Raúl Benítez Manaut en su
artículo “OPINIÓN: Michoacán y las autodefensas, ¿la gobernabilidad está en el
aire?”, señala que originalmente las autoridades asentaron que las autodefensas
debían desarmarse por la ilegalidad de sus actos, y siendo espectadores de su
impacto decidieron cambiar de opinión reconociendo su labor e incorporándolos
con sus propias armas a las llamadas “Defensas Rurales”, legalizando así sus
actos.
Pero la legalización de los
actos de la autodefensa mediante los 8 puntos para la normalidad (acuerdo entre
la Federación, el gobierno estatal y las autodefensas), ¿A quién van a
beneficiar?, ¿Las ahora Defensas Rurales
tendrán el mismo efecto que el que estaban teniendo?
Somos parte de un sistema
por demás corrupto, preocupado únicamente por sus propios intereses,
convenientemente acomplejado hipócritamente y como dicen “En tiempo de guerra,
mentiras por mar y por tierra”.
Querido lector quiero
aclarar que no incito a los actos bélicos, pero si a valorar el uso y poder de
la palabra, palabra convertida en acción
justa y equilibrada, congruente con sus deseos.
Evoquemos a la época de oro,
transformemos nuestras acciones y cumplamos con hechos nuestros pensamientos,
es necesario dejar de ser espectadores y seamos personajes merecedores de
nuestro entorno, demos a nuestro presente un porvenir común en paz,
dignifiquemos nuestra identidad, recuperemos nuestro sentido nacional, seamos
solidarios y el optimismo con el sol resurgirá.
