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lunes, 3 de febrero de 2014

El poder de la palabra



De pequeña tuve la oportunidad de crecer y de disfrutar de ciertas costumbres y tradiciones que reafirman mi identidad como mexicana, soy poblana y como tal amo la comida poblana, cuando era pequeña en familia se disfrutaba de ella siendo espectador de alguna película de la época de oro del cine mexicano, los personajes más trascendentales, en lo personal son, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Dolores del Río, María Félix, Sara García, entre muchísimos más.

No sé si recuerden a esos personajes o si los conozcan, pero algo que tienen todos en común es el poder de su palabra que en cada personaje destacaban como la característica más importante y sobresaliente de los mexicanos.

La época de oro del cine mexicano se llevo a cabo aproximadamente de los 30´s a los 60´s del siglo pasado, fue una era majestuosa por el sentimiento nacional, solidario y optimista vivenciado por cada mexicano.

Quiero pensar que en su momento las personas cumplían lo que se proponían y como en las películas, la palabra era el máximo poder, no era necesario firmar ningún contrato pues se respetaba a las personas por su honradez y honestidad, y la identidad mexicana estaba determinada por valores y principios.  

Pero la variedad de influjos a lo largo de la historia modificó las condiciones económicas, políticas, sociales, educativa, psicológicas y con ello la identidad individual y nacional.

Hoy en día todo es mucho más turbulento y difícil de creer, y consecuentemente observable, medible, y cuantificable, las personas ya no están seguras, temen poco menos a los muertos y los vivos ahora somos nuestros peores enemigos, vivimos enjaulados en pequeñas casas, que para muchos no llegan a ser propias y nuestros derechos son en ocasiones nulificados.

Los abuelos continuamente dicen: “En mis tiempos eso no pasaba, la gente no se dejaba y se hacía respetar”; y en mis tiempos poco a poco se comienza a respirar la organización armada de la población porque está fastidiada y consiguientemente se están haciendo respetar.

No hay mejor ejemplo que el de las autodefensas que en Michoacán se llevan a cabo como resultado del hostigamiento, represión y la violación que el gobierno y el ejército no han podido erradicar; este tipo de organizaciones sin temor a la muerte, sin distinción de género o edad;  tomaron las armas y buscan realizar su mayor deseo que inició mediante el “ya no más”.

Raúl Benítez Manaut en su artículo “OPINIÓN: Michoacán y las autodefensas, ¿la gobernabilidad está en el aire?”, señala que originalmente las autoridades asentaron que las autodefensas debían desarmarse por la ilegalidad de sus actos, y siendo espectadores de su impacto decidieron cambiar de opinión reconociendo su labor e incorporándolos con sus propias armas a las llamadas “Defensas Rurales”, legalizando así sus actos.

Pero la legalización de los actos de la autodefensa mediante los 8 puntos para la normalidad (acuerdo entre la Federación, el gobierno estatal y las autodefensas), ¿A quién van a beneficiar?,  ¿Las ahora Defensas Rurales tendrán el mismo efecto que el que estaban teniendo?

Somos parte de un sistema por demás corrupto, preocupado únicamente por sus propios intereses, convenientemente acomplejado hipócritamente y como dicen “En tiempo de guerra, mentiras por mar y por tierra”.

Querido lector quiero aclarar que no incito a los actos bélicos, pero si a valorar el uso y poder de la palabra,  palabra convertida en acción justa y equilibrada, congruente con sus deseos.


Evoquemos a la época de oro, transformemos nuestras acciones y cumplamos con hechos nuestros pensamientos, es necesario dejar de ser espectadores y seamos personajes merecedores de nuestro entorno, demos a nuestro presente un porvenir común en paz, dignifiquemos nuestra identidad, recuperemos nuestro sentido nacional, seamos solidarios y el optimismo con el sol resurgirá.